
Vaca Muerta pasa por 9 de Julio
Por Redacción Extra Digital Hay oportunidades económicas que llegan con anuncios, conferenci...
Hay oportunidades económicas que llegan con anuncios, conferencias de prensa y grandes carteles, y hay otras que pasan todos los días delante de nuestros ojos sin que terminemos de comprender lo que significan. La Ruta Nacional 5 puede ser una de ellas. Durante décadas, para 9 de Julio fue simplemente la ruta que nos comunicaba con Buenos Aires, con La Pampa y con el sur del país, el camino por donde circulaba nuestra producción, viajaban nuestras familias y entraban y salían mercaderías. Pero el mapa económico argentino está cambiando y, con él, también está cambiando el significado de esa ruta. El crecimiento de Vaca Muerta no solamente está transformando la economía energética del país, también está generando una demanda logística cada vez mayor y una parte de ese movimiento utiliza la Ruta 5 como corredor hacia la Cuenca Neuquina. La Confederación Argentina del Transporte Automotor de Cargas estima que el movimiento de camiones vinculado al transporte de arena hacia Vaca Muerta ya alcanza entre 3.500 y 3.800 unidades diarias, con una utilización importante de este corredor. No significa, por supuesto, que todos esos camiones pasen por 9 de Julio, y sería un error periodístico afirmarlo de esa manera, pero sí significa algo mucho más interesante para nosotros: la ciudad está ubicada sobre una ruta que está adquiriendo una importancia logística que hace algunos años era difícil imaginar.
Y aquí aparece el dato que deberíamos empezar a mirar de otra manera. Vialidad Nacional tiene instalado un contador permanente de tránsito en el kilómetro 260,38 de la Ruta 5, prácticamente en las inmediaciones de nuestra ciudad, cuyo acceso se encuentra alrededor del kilómetro 262. Es decir, el movimiento de vehículos que atraviesa este corredor no es una impresión, una fotografía aislada ni una sensación de quienes manejan todos los días por la ruta: es un fenómeno que puede medirse. Autos, camionetas, ómnibus y camiones forman parte de un flujo permanente que atraviesa nuestra región y que, con el desarrollo de Vaca Muerta, incorpora además una dimensión energética y logística que puede modificar todavía más su intensidad. Y cuando uno deja de mirar la Ruta 5 desde la ventanilla del automóvil y comienza a observarla desde un mapa económico, aparece una pregunta inevitable: ¿qué estamos haciendo nosotros con todo ese movimiento?
Porque una ruta no solamente transporta vehículos. También transporta oportunidades. Cada camión que pasa representa una necesidad potencial: combustible, descanso, comida, mantenimiento, neumáticos, reparaciones, estacionamiento, almacenamiento, transferencia de cargas y servicios. Multiplicado por miles de viajes, el tránsito deja de ser simplemente una estadística de Vialidad Nacional y empieza a convertirse en un mercado. La diferencia entre una ciudad que solamente ve pasar camiones y otra que consigue generar actividad alrededor de ellos no está en la cantidad de vehículos que circulan, sino en su capacidad para transformar ese flujo en servicios, inversiones y puestos de trabajo. Y esa es justamente la discusión que 9 de Julio debería comenzar a tener.
Hasta ahora hemos discutido la Ruta 5 casi exclusivamente desde la necesidad. Necesitamos que esté en condiciones, necesitamos que sea segura, necesitamos la autovía, necesitamos mejores banquinas, necesitamos iluminación, necesitamos accesos adecuados. Todo eso es cierto y sigue siendo indispensable. Pero quizás nos esté faltando una segunda mirada: la Ruta 5 también puede ser una oportunidad de desarrollo. Si el corredor va a soportar cada vez más tránsito pesado por el crecimiento de la actividad energética y productiva, 9 de Julio tiene que preguntarse si quiere limitarse a soportar las consecuencias de ese tránsito o si pretende capturar una parte de la actividad económica que genera.
Hay que empezar a preguntar qué infraestructura necesita nuestra ciudad para aprovechar la posición que ocupa, qué inversiones podrían instalarse alrededor de ese corredor y qué servicios podríamos ofrecer a quienes diariamente lo utilizan. No se trata de construir castillos en el aire ni de suponer que todos los camiones que van a Vaca Muerta necesariamente deben detenerse aquí. Se trata de reconocer que existe un flujo económico de enorme dimensión, que la tendencia parece ser creciente y que nosotros estamos ubicados exactamente sobre uno de sus caminos.
La actividad agropecuaria ya nos había colocado sobre una ruta de circulación permanente de cargas, pero el fenómeno energético agrega una nueva demanda y obliga a pensar la infraestructura desde otra perspectiva. Una playa para camiones, un centro de servicios, depósitos, transferencia de cargas, mantenimiento, abastecimiento o cualquier otra actividad vinculada con el transporte no deberían ser vistos únicamente como emprendimientos privados aislados, sino como parte de una discusión mayor sobre qué ciudad queremos construir alrededor de la Ruta 5.
¿Cuánto valor económico somos capaces de generar alrededor de ese movimiento? Vaca Muerta puede estar lejos, pero su ruta pasa por 9 de Julio. Y quizás lo que durante años vimos solamente como tránsito, haya llegado el momento de empezar a verlo como una oportunidad.
Fuente: https://www.semanarioextra.com.ar/vaca-muerta-pasa-por-9-de-julio/