
La guerra que nos deja saldo a favor
El barril cerca de los 93 dólares por las tensiones en Ormuz mejora las cuentas exter...
El barril cerca de los 93 dólares por las tensiones en Ormuz mejora las cuentas externas argentinas como nunca antes en nuestra historia. Durante sesenta años el interior vivió pendiente de Chicago. El país acaba de sumar una segunda dependencia, esta vez en el Golfo Pérsico.
Por Javier Pappalardo
El Brent cerró la semana cerca de los 93 dólares, con una suba superior al 4%, empujado por la falta de avances entre Estados Unidos e Irán y por las tensiones alrededor del estrecho de Ormuz, ese cuello de botella por donde circula cerca del 20% del comercio mundial de petróleo. Durante medio siglo, un titular así significaba en la Argentina una sola cosa. Importábamos energía, el barril caro se comía las reservas, el Gobierno de turno salía a manotear el precio del surtidor y la inflación hacía el resto. Esta vez el efecto es exactamente el contrario. Y conviene detenerse en eso un momento antes de festejarlo.
La balanza energética argentina cerró el primer semestre con un superávit de 6.987 millones de dólares, el mayor de toda la serie histórica para ese período y un 87% por encima del mismo tramo de 2025. Las exportaciones de combustibles y energía llegaron a 8.118 millones, con una suba interanual del 52%, y el complejo energético ya explica más del 15% de todo lo que el país vende al mundo, una participación que no se veía desde hace dos décadas. Del otro lado del mostrador, las importaciones de combustibles cayeron 29% y quedaron en el nivel más bajo desde 2007, apenas el 3% de las compras externas, el porcentaje menor desde 1999. Vaca Muerta aporta hoy el 68% del petróleo y el 67% del gas que se produce en la Argentina, y la extracción de crudo crecería 16% este año, con lo que superaría el récord histórico que sigue vigente desde 1998.
Lo que viene está en obra. El oleoducto que une la cuenca neuquina con Punta Colorada, en Río Negro, unos seiscientos kilómetros de caño, arranca en noviembre y suma primero unos 190.000 barriles diarios de capacidad de evacuación, con proyección a 390.000 hacia mediados de 2027. Con esa infraestructura, las exportaciones energéticas podrían pasar los 14.400 millones de dólares este año y los 18.500 millones el próximo, y el superávit del sector treparía por encima de los 12.000 millones. Son dólares genuinos, sin contrapartida de deuda, sin promesa de devolución. Es la mejor noticia estructural que recibe la economía argentina en cuarenta años.
Ahora bien, cambiar de lado en el tablero del petróleo tiene consecuencias que van más allá de la planilla. Un país que exporta energía tiene un interés objetivo en que el mundo no se ordene demasiado rápido. Cada semana de tensión en Ormuz, cada amenaza cruzada entre Washington y Teherán, cada declaración destemplada sobre el control del estrecho, se traduce en unos dólares más por barril embarcado en Punta Colorada. Nadie lo formula así en público y probablemente nadie lo formule nunca. Pero el cálculo existe, se hace, y está en los supuestos de precio de cualquier proyección seria para 2027.
La contracara aparece enseguida. El precio lo fija otro. El mismo conflicto que hoy suma es el que mañana puede restar, y con la misma velocidad. Vale recordar lo que pasó hace apenas seis meses: el 27 de febrero el Brent cotizaba en torno a los 73 dólares, con una estabilidad que venía de principios de año, y después del primer ataque llegó a superar los 118. Ese tobogán no fue una anomalía. Es el funcionamiento normal de un mercado que responde a decisiones militares tomadas a doce mil kilómetros de acá, por gente que jamás va a preguntar qué le conviene a la Argentina.
Ese mismo tobogán, además, sube por la escalera del surtidor. En marzo, con el barril disparado, el litro de nafta común medido en dólares llegó a 1,43, un 52% por encima de su promedio histórico, y la premium tocó 1,58. Las estaciones de servicio trasladaron cerca del 6% en dos semanas. Lo que contuvo el golpe fue el amortiguador que aplicó la petrolera de bandera, un mecanismo que evita volcar de inmediato cada movimiento del crudo al precio final. Ese amortiguador dura exactamente lo que la empresa decida que dure, y su costo lo absorbe alguien.
Al frente internacional hay que sumarle uno doméstico con fecha puesta. En agosto se aplicó una actualización parcial del impuesto a los combustibles líquidos, unos 10,57 pesos por litro en naftas y 9,51 en gasoil, más el gravamen al dióxido de carbono, con un traslado promedio al surtidor del 0,5%. El grueso de los remanentes acumulados de 2024, 2025 y el primer trimestre de este año quedó postergado para septiembre. El precio del combustible tiene entonces dos citas simultáneas el mes que viene, una en el Golfo Pérsico y otra en el Boletín Oficial.
El interior pampeano conoce este libreto de memoria. Sesenta años aprendiendo que el precio internacional es una bendición cuando sube y una sentencia cuando baja, y que ninguna de las dos cosas se decide en la mesa de un productor de la zona. La novedad de 2026 es que la ecuación se duplicó. Seguimos pendientes de Chicago por lo que vendemos y quedamos pendientes de Ormuz por lo que gastamos en la cosecha, en el flete y en el silo, con la diferencia de que ahora el país también cobra del otro lado. La prosperidad energética es real y hay que defenderla. Pero está calculada sobre un precio que hoy sostiene, en buena medida, una amenaza militar. Si Washington y Teherán se sientan a firmar, el barril baja, y toda la planilla del año próximo se recalcula. Los caños, en cambio, ya están enterrados y se pagan igual. Durante décadas los argentinos mirábamos las noticias del Golfo esperando que el mundo se calmara. Este año, por primera vez, en algunas planillas se hace en silencio la cuenta contraria, la de cuánto vale en dólares de exportación que no se calme. Nadie lo va a decir en voz alta y nadie tiene por qué pedir perdón de que el país por fin tenga con qué. Pero un país que empieza a ganar con las malas noticias del mundo debería saber, por lo menos, que las está esperando.
Fuente: https://www.semanarioextra.com.ar/la-guerra-que-nos-deja-saldo-a-favor/