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Cuando el diagnóstico se vuelve confesión

Por Redacción Extra Digital La intendente María José Gentile describió esta semana,...

Cuando el diagnóstico se vuelve confesión

Por Redacción Extra Digital La intendente María José Gentile describió esta semana,...

Por Redacción Extra Digital

La intendente María José Gentile describió esta semana, en una entrevista, el panorama económico «sumamente complejo» que atraviesa el municipio. Enumeró las causas: la caída en la cobrabilidad de las tasas, una menor coparticipación, las secuelas de las inundaciones del año pasado y el salto del precio del combustible que mueve la maquinaria comunal. Dijo, incluso, que cuesta sostener los compromisos mensuales, entre ellos los salarios. El cuadro es serio y merece ser tomado en serio. La pregunta es desde qué lugar se lo presenta.
Porque hay una diferencia decisiva entre quien llega a una oficina, abre los cajones y descubre un problema ajeno, y quien describe la salud de un paciente al que viene atendiendo desde hace más de una década. Gentile pertenece, sin ninguna duda, al segundo grupo.
El PRO conduce los destinos de Nueve de Julio desde 2015,dos mandatos de Mariano Barroso y, con este, el tercero consecutivo del mismo espacio. Y la intendente no fue una espectadora de esos años, fue presidenta del Concejo Deliberante, Secretaria de Salud y Jefa de Gabinete de la gestión anterior. Ocupó, una tras otra, las sillas donde se toman las decisiones. No hereda un diagnóstico, lo firma.

Conviene entonces separar lo que de verdad viene de afuera de lo que se decidió en casa. Es cierto que la coparticipación la define la Provincia, y que el costo del combustible responde a una macroeconomía que excede a cualquier municipio. Una inundación es una desgracia. Hasta ahí, los atenuantes son legítimos y sería deshonesto negarlos. Pero el verdadero interrogante no es solo cuánto dinero entró: es qué se hizo con el que entró. Durante más de una década pasaron por las arcas del municipio las tasas, la coparticipación y fondos específicos para inversión. La pregunta que ningún diagnóstico de «situación compleja» llega a responder es por qué, después de tantos años y tantos recursos administrados, el distrito termina en este punto. Cuando los ingresos pasan pero los resultados no aparecen, el problema deja de estar en la caja y empieza a estar en las decisiones, en las prioridades que se eligieron, en las obras que se dejaron para después, en la previsión que faltó. Y eso no se hereda ni se importa de afuera, eso se decide, ejercicio tras ejercicio, en el despacho del Ejecutivo.
Tomemos el ejemplo más elocuente, porque lo eligió la propia gestión como bandera. El cierre del basural a cielo abierto y el relleno sanitario figuraban, ya en 2023, entre los proyectos que el oficialismo exhibía con orgullo como prueba de su transformación del distrito. Tres años después, el basural sigue abierto y la gran novedad que se anuncia es la compra de una geomembrana. Una obra presentada como casi hecha vuelve, mandato tras mandato, a la categoría de «prioridad». Radiografía de una manera de gobernar en la que lo urgente se posterga y lo postergado se reanuncia.
Y está el dato más delicado de todos: la dificultad para pagar los sueldos. Que un municipio con once años de continuidad política ponga en duda el pago de salarios no se explica por una sola inundación ni por un litro de gasoil más caro. Habla de una fragilidad estructural que no se construyó en un año, sino que se construyó en la misma década en la que este espacio tuvo todas las llaves y todas las firmas.
Es de celebrar, eso sí, que la intendente sostenga el diálogo con el gobierno provincial por encima de las diferencias partidarias. Gestionar para todos es exactamente lo que se espera de un jefe comunal. Pero el diálogo no puede ser, a la vez, la herramienta de gestión y la coartada. No se le puede reclamar a la Provincia por la coparticipación que falta y, al mismo tiempo, mirar para otro lado cuando las palancas que sí son propias —la recaudación, el gasto, el orden de las prioridades— muestran sus números.
Cuando asumió, el oficialismo le pidió a los vecinos no perder la memoria de cómo estaba el municipio. Buena idea. Tomémosle la palabra. La memoria, a esta altura, ya no apunta a una gestión lejana y anterior, apunta a quienes manejan el distrito desde 2015. Después de once años y tres mandatos, decir que la situación es «sumamente compleja» deja de ser un diagnóstico sobre lo que se recibió y empieza a ser una confesión sobre lo que se hizo. Los vecinos, que pagan sus tasas y siguen esperando que se cierre el basural, tienen todo el derecho de pedirle cuentas a quien tuvo el tiempo, el poder y los cargos para resolverlo.

Fuente: https://www.semanarioextra.com.ar/cuando-el-diagnostico-se-vuelve-confesion/

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